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martes, 8 de septiembre de 2009

MAS MOTIVOS PARA NO VIAJAR A CHINA




quien haya estado en campos de refugiados tibetanos, lo entenderá enseguida y el que nó que busque en Google, el mentiroso llega a creerse sus propias mentiras.


Cerca de 35.000 campesinos y pastores tibetanos , osea ( CHINOS )se dedican al turismo como consecuencia del auge de esta industra no contaminante en la meseta tibetana, según datos facilitados por la administración de turismo de la región autónoma del Tíbet, en el suroeste de China.
Huang Lihua, presidente de la Asociación de Agencias de Viaje del Tíbet, comentó a Xinhua que el turismo en el "techo del mundo" ha experimentado un desarrollo muy satisfactorio en los últimos años y se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos de los lugareños.
Tsering, de 60 años y originario del pueblo Tashi, en el sureste del Tíbet, decidió abrir un hostal hace cinco años debido al fuerte aumento de la llegada de turistas tanto nacionales como extranjeros.
"Me va muy bien. Antes casi no podía mantener a mi familia con la agricultura, ahora gano entre 40.000 y 50.000 yuanes (entre 6.000 y 7.500 dólares) cada año", dijo a Xinhua.
Tsering está muy ocupado estos días por la ampliación de su negocio, que además de alojamiento, también ofrece comida tibetana y productos típicos locales. Lollito plimavela
De acuerdo con las estadísticas oficiales, más de 2,71 millones de turistas visitaron la región del Himalaya en los primeros siete meses del año, lo que generó unos ingresos de 2.290 millones de yuanes, montos que suponen aumentos del 58,6 y el 35,3 por ciento, respectivamente, frente a los mismos períodos de 2007, año en que el sector turístico local obtuvo sus mejores resultados.
"Además de regentar el hostal, la fabricación y venta de recuerdos y la oferta de servicios de transporte son otras de las formas en las que los residentes locales participan en el sector turístico", dijo Huang Lihua.
Dekyi Paldron, empleada de una fábrica de incienso del distrito Doilungdeqen, oeste de Lhasa, capital del Tíbet, lleva más de dos años en un empleo para empaquetar productos y gana más de 1.000 yuanes mensuales (146,40 dólares). otro motivo para no comprar incienso de Tibet
"Es bueno para mí. Trabajo unos seis meses aquí en la temporada alta del turismo, y el resto del tiempo en el campo", contó la chica de 26 años.
El incienso es uno de los recuerdos preferidos entre los viajeros. "El desarrollo del turismo contribuye no sólo al empleo local, sino también a la promoción de las artes tibetanas", enfatizó Huang Lihua.
Wang Songping, subdirector de la administración de turismo del Tíbet, destacó a Xinhua que el gobierno y el sector privado han llegado al consenso de que el turismo se debe desarrollar a base del aumento de ingresos tanto del gobierno y las empresas como de los habitantes locales.
Según Wang, su administración ha organizado cursos de formación (adoctrinamiento comunista )para los campesinos y pastores interesados en trabajar en el turismo. Además, ofrece préstamos sin intereses dirigidos a proyectos turísticos y organiza grupos de bailes folclóricos en las localidades de interés turístico, histórico y cultural.
Dekyi Lhamo formó un grupo hace menos de cinco meses con otros quince jóvenes en el pueblo Neyul de Nyingchi. "Me encanta bailar y presentar a los turistas las tradiciones y el folclore de mi pueblo, además, el gobierno local nos da subsidios", relató la joven de 28 años.
En el pueblo Tarqin, situado al pie del monte Gang Rinpoche, centro del mundo para los creyentes budistas,Eso es otra mentira hinduistas, jainistas y bonistas (de la religión originaria de la meseta tibetana Bon), el transporte y el alojamiento ofrecido a los turistas han sido la fuente principal de ingresos de los aldeanos.
Estos ingresos rondaban los ocho millones de yuanes en 2007 y los tres millones el año pasado, una cifra mucho menor esta última debido al impacto de los disturbios del 14 de marzo del año pasado en Lhasa.
Según estimaciones del organismo mencionado, las personas dedicadas al turismo en el Tíbet llegarán a un total de 300.000, y los ingresos derivados de este sector superarán los 11.600 millones de yuanes hacia 2015. Fin, ojala fuera el fin, pero v a ser que no los Tibetanos estan siendo desplazados por los chinos, el barcor ya es una parodia de lo que fué, los comerciantes tibetanos estas marginados a las afueras de Lhasa, se estan eliminando su cultura, idiona y demas; así que viajar que viaje quien quiera, pero en Tibet ya no hay nada que ver, por lo menos tibetano, todo se ha convertido en carton piedra como Hollywood

martes, 18 de agosto de 2009

El templo Sensoji JAPON









17 de agosto de 2009

00:27 El templo Sensoji es el centro neurálgico de Asakusa y principal motivo de visita para muchos turistas y devotos de todas partes de Japón, que una vez allí se ven atraídos por la artesanía de muchos establecimientos y sus curiosos "souvenirs".

Aunque la apariencia actual del templo es resultado de la reconstrucción realizada tras la II Guerra Mundial gracias a las donaciones del pueblo, el edificio original data del año 628, cuando fue encontrada una estatua de oro de Kannon, la diosa budista de la misericordia.

El hallazgo se atribuyó a dos hermanos que pescaban en el río Sumida, junto al actual barrio de Asakusa, y se dice que la representación de esa diosa liberaba a los humanos del sufrimiento.

Así, el templo Sensoji fue construido en honor a la diosa budista Kannon y se cree que su estatua todavía se encuentra en el interior del edificio: todo un misterio, ya que nadie en los últimos años ha sido testigo de ello.

UN CALDERO QUE SANA LAS ENFERMEDADES.

Todavía, después de tantos siglos, los fieles acuden a Asakusa para conservar su salud, algo que buscan también los visitantes en la puerta del templo ante el gran caldero de incienso que, según el budismo, cura las enfermedades.

Muy cerca se puede encontrar también una fuente en la que los devotos se enjuagan la boca y se lavan las manos, una de las tareas requeridas para entrar al templo, momento en el que hacen sonar una enorme campana.

Pero antes de cualquier otro ritual, la primera parada en la visita a Asakusa es la famosa puerta de Kaminari-mon, de la que cuelga un gran farol rojo y ante la que se fotografían cada día miles de personas.

Entre la prominente puerta y el edificio del templo se extiende la calle peatonal Nakamise, donde se pueden encontrar todo tipo de motivos japoneses, como sombrillas y muñecas orientales o reproducciones de grabados de estilo "ukiyo-e", como "La Gran Ola" del dibujante Katsushika Hokusai (1760-1849).

También el "kimono" y la "yukata", prendas tradicionales japonesas especiales para el verano, componen muchos escaparates de Asakusa, un lugar al que muchas jóvenes parejas acuden ataviados con esos diseños aunque no lo harían para ir a otro sitio de la ciudad.

OCHO FESTIVALES A LO LARGO DEL AÑO.

Los ocho festivales que acoge este barrio a lo largo de todo el año son siempre una buena excusa para lucir el traje tradicional japonés, que muchos fieles relacionan con la visita religiosa.

La cita más concurrida es "Sumidagawa Hanabi Taikai", los fuegos artificiales del 25 de julio sobre el río Sumida, que en la última ocasión congregó a cerca de un millón de personas.

El festival de samba en agosto, el festival de los Tres Templos o Sanja Matsuri en mayo o los festivales Tori-no-ichi y Hagoita-ichi en invierno son otros atractivos en el barrio de Asakusa.

Si bien durante todo el año se mantiene vivo, este distrito es más visitado en verano, cuya llegada es anunciada por el mayor mercado de flores de alquequenje (hozuki) de Japón, que se celebra durante dos días en julio.

En esas ocasiones, las calles de Asakusa se llenan de puestos de comida y bebidas y suelen aparecer grupos de gente haciendo sonar los tambores tradicionales nipones, conocidos como "taiko".

Para matar el hambre durante el paseo, los visitantes suelen degustar pepinos fríos para refrescarse en verano, "yaki-tori" o brochetas de pollo, bolitas de pulpo conocidas como taco-yaki y también okonomiyaki, una tortilla de verduras típica de Osaka (centro de Japón), aunque también abundan las tiendas de dulces.

Además de un importante centro de peregrinación para los fieles budistas, Asakusa concentra una rica actividad cultural heredada durante siglos.

Durante el período Edo o Tokugawa (1603-1868), durante el que Japón permaneció aislado del resto del mundo, Asakusa se convirtió en el principal centro de entrenamiento de Kabuki, teatro tradicional nipón, en las inmediaciones de la actual Tokio.

Durante la época de aislamiento en Japón, Asakusa perteneció, junto con otras zonas con gran afluencia diaria hoy día como Ikebukuro, al antiguo Shitamachi, la parte este de la ciudad en la que vivían las clases más bajas de la sociedad, en contraste con la riqueza concentrada en Yamanote, al otro lado del río.

Aunque ese concepto no perdura en la actualidad, las calles de Asakusa albergan un conjunto de bares donde se reúnen vecinos y conocidos, pequeños establecimientos familiares y parques, más propios de un tranquilo pueblo que de una metrópolis como Tokio.

Las cuidadosas conductas exentas de toda improvisación y la vestimenta formal que caracterizan a la mayoría de tokiotas queda totalmente olvidada para los vecinos de Asakusa, que se saludan a gritos desde un bar a otro e incluso regatean los precios de sus compras.

Además de todos sus festejos, que despiertan gran interés en los turistas, el barrio de Asakusa es además uno de los puntos de partida para el recorrido en barco por el río que concluye en la bahía de Tokio, lugar idóneo para una instantánea del impresionante "skyline" o paisaje de rascacielos de la capital.