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jueves, 5 de noviembre de 2009

la sabiduria china una buena historia

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta.Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos.Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración.Sin poder creerlo le preguntó:-"¿Hija mía, que vas a hacer allá?. Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura"Y la hija respondió: -"No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz".Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: -"Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China".La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención.Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.Entonces, con calma el príncipe explicó: - "Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles".Maravilloso relato en tiempos donde lo importante parecen ser los resultados, los logros, lo visible, cultivar el valor de la honestidad parece un valor perdido...Somos capaces de inventar los más variados argumentos para excusarnos, por no decir "me equivoqué, tienes razón, no sé acerca de esto". Opinamos sobre todo, juzgamos a todos... la "viveza" se ha convertido en un valor, encubriendo la mentira, el engaño, la falta de honestidad para con nosotros mismos.La verdad, la sinceridad, la humildad... no son virtudes exacerbadas en los cartoons para niños, ni en las publicidades para adultos... hemos confundido el significado de la palabra EXITO.Si he terminado mi día siendo leal a mí mismo, sin traicionar mis creencias y mis sentimientos, sin dejar de ser quien soy para quedar bien u obtener resultados...ese ha sido un día de éxito...Puedes hacer de este, un día exitoso... de tí depende.

martes, 20 de octubre de 2009

un cuento Tibetano





El sol poniente se hundía detrás de los picos helados de las montañas y éstos se tornaban rojos como ascuas. En las azoteas de las casa de Lhasa, los niños hacían volar cometas de brillantes colores, entrelazándose con cometas de otros, mientras reían. Un niño de unos seis años estaba sentado junto a su tío, un monje que vestía hábitos marrones.
—Cuéntame un cuentro, tío.
El monje sonrío entre dientes.
—Una historia antigua, pues.


“Un padre le dijo a su hijo: “Voy a morir pronto, hijo mío. Llévate mi oro a tu casa, es tuyo. Pero recuerda que no has de fiarte de nadie”. El padre confiaba en que su hijo, Sonam, tendría presente su consejo y comprendería cómo se estilan las cosas en el mundo. Pero Sonam tenía un gran amigo, Tamchu, con el que había ido a la escuela, que vivía a la aldea próxima con su mujer y sus dos hijos pequeños.
Un día, Sonam decidió salir de peregrinaje al monasterio santo y pensó “cuando mi padre moría me dijo que no me fiara de nadie” pero al pensar en su amigo Tamchu no podía admitir que estas palabras se debieran aplicar también; no a Tamchu. Así pues, llevó sus dos bolsas de pepitas de oro a casa de su amigo y le dijo:
—Tamchu-la, por favor, guárdame el oro mientras esté fuera. Mi padre me lo dio al morir
—Oh sí, naturalmente. Guardaré tu oro con mucho cuidado, y cuando vuelvas de tu peregrinaje aquí lo encontrarás. No te preocupes, somos bueno amigos.

Así —continuó el monje— pasó un año y Sonam volvió de su viaje al monasterio. Fue a casa de Tamchu y le pidió que le devolviese el oro. Pero éste le dijo: “Oh, lo siento muchísimo Sonam. ¡Qué desgracia! ¡El oro se ha convertido en arena!” dijo Tamchu mirando a su amigo con cara de asombro. Aun así, Sonam no parecía muy sorprendido y dijo: “Está bien, Tamchu, no te preocupes, hiciste todo lo que pudiste para vigilar mi oro”.
Los dos hombres comieron juntos como si nada hubiera sucedido. Al atardecer, sonam dijo a su amigo:
—Tamchu-la, me gustaría cuidar de tus hijos durante unos meses. Me gustaría darles comida y ropas, serían muy felices en mi casa.
—¡Muy buena idea Sonam! Aunque he perdido tu oro, quieres cuidar de mis hijos, eres buena persona. Y yo te los dejo muy amablemente porque sé que no tienes família. Que estén contigo el tiempo que haga falta!—repondió Tamchu

Sonam se llevó a los dos niños a su casa y les cuidó muy bien. Pero compró dos pequeños monos y les adiestró para que respondieran a los nombres de los dos hijos de su amigo. Los monos aprendieron muy rápido.
Cuando, al cabo de un tiempo, Tamchu fue a ver a sus hijos, Sonam mostró un triste semblante a su amigo:
—Oh, lo siento muchísimo, Tamchu. ¡Qué desgracia! ¡Tus hijos se han convertido en monos!
Tamchu se quedó pálido y llamó a sus hijos por sus nombres: “Tenzin, ven aquí” y el mono mayor fue hacia él; “Thubten, soy papá” y el mono menor corrió hacia Tamchu. Al ver los monitos que iban hacia él y le daban la mano como si fueran sus verdaderos hijos, Tamchu quedó muy apenado y preguntó a su amigo: “Sonam-la, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo pueden estos monos convertirse de nuevo en mis hijos?”
Sonam pensó unos instantes y dijo:
—Necesitaríamos mucho oro. Por lo menos dos bolsas de pepitas de oro.

Tamchu se fue corriendo a su casa y tan rápido como pudo se presentó a casa de Sonam con las bolsas. Ésta subió al piso de arriba y bajó con los hijos de Tamchu: “Ahí tienes, los he vuelto a convertir en seres humanos”. Tamchu estuvo encantado de recuperar a su dos hijos; pero miró con empacho a Sonam. Enseguida, los dos amigos no pudieron evitar romper a reír.”


Al terminar la historia, el propio monje se hechó a reír al ver que el hilo de a cometa de su sobrino había sido cortada mientras éste escuchaba el relato. Ambos contemplaron como volaba por los valles de Lhasa y volaba hacia los dorados tejado del Potala. -----------------------------------
Recordemos todos:...Cuando te encuentres entre mucha gente, vigila tus palabras,
cuando estés solo, vigila tu mente...