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miércoles, 5 de junio de 2013

liberacion VIGILADA despues de 25 años

El preso político tibetano más veterano, Lobsang Tenzin, ha sido puesto en libertad tras cumplir una condena de 25 años en prisión, al parecer por el grave estado de salud en el que se encuentra, informa hoy la organización no gubernamental "Free Tibet".
Lobsang era estudiante en el momento que fue arrestado durante unas protestas en marzo de 1988, acusado de la muerte de un policía junto a otros cinco tibetanos.
Según explica "Free Tibet", Lobsang fue puesto en libertad en abril, si bien desde entonces ha seguido bajo una continua y estricta vigilancia, además de amenazas sobre volver a ser arrestado o "llevado" sin más.
La organización alerta del grave estado de salud en el que parece estar el activista, debido a las torturas que sufrió Lobsang en la cárcel, donde vivió en condiciones extremas y sin acceso a servicios médicos.
Los juicios contra Lobsang no cumplieron los estándares legales por lo que los verdaderos cargos contra él siguen siendo desconocidos, apunta "Free Tibet".
Inicialmente fue sentenciado a muerte, pero esta pena fue conmutada por cadena perpetua tras la presión internacional.
El activista tibetano continuó con su lucha desde la cárcel de Drpachi, donde fue encerrado, organizando protestas, incluso cuando otro compañero de celda murió debido a torturas.
Lobsang motivó a 150 prisioneros para que se manifestaran en la misma prisión para reclamar conocer la verdad.
En 1991, recuerda "Free Tibet", el activista trató de hacerle llegar una lista de nombres de prisioneros que habían sido torturados en una visita a la misma del embajador de Estados Unidos, pero fue confiscada por el intérprete chino del diplomático.
Numerosas organizaciones de derechos humanos, como "Free Tibet" o "Human Rights in China", denuncian la fuerte represión de activistas o monjes tibetanos en el Tíbet, donde son frecuentes los arrestos o encarcelamientos.
También las inmolaciones, ya que más de cien personas -la mayoría, monjes- se han prendido fuego a lo bonzo en los pasados tres años, algunos de ellos gritando lemas a favor de la independencia del Tíbet o el regreso del Dalai Lama a la región, y al menos 80 de ellos fallecieron en estos actos de protesta.
Frente a ello, China culpa al Dalai Lama -exiliado en la India- de instigar estos actos, aunque el líder espiritual también pidió que se ponga fin a esta forma de protesta.
Pekín asegura que el Tíbet es desde hace siglos parte de su territorio y que en 1951 fue "liberada de la teocracia" del Dalai Lama, mientras que los tibetanos argumentan que la región fue durante mucho tiempo virtualmente independiente hasta que fue ocupada por las tropas comunistas en ese año.

martes, 4 de octubre de 2011

Ama Adhe, presa política durante 27 años por defender la libertad del Tíbet

Ama Adhe, presa política durante 27 años por defender la libertad del Tíbet

Ama Adhe en el centro para refugiados de DharamsalaAma Adhe en el centro para refugiados de Dharamsala
Ama Adhe, de 81 años, tibetana, estuvo encarcelada desde 1958 a 1985 por el régimen chino. Su vida es un reflejo de las tribulaciones del pueblo tibetano en su lucha por la libertad. Siendo joven fue testigo de la invasión del Tíbet y participó en las primeras protestas, pagando un precio muy alto: 27 años de su vida entre rejas, en condiciones carcelarias extremas, padeciendo hambre y torturas. Y, sin embargo, asegura que el pueblo chino no ha sido ni es su enemigo.
Ataviada al estilo tradicional tibetano y con un rosario de cuentas en la mano, Ama Adhe nos recibe cálidamente en su pequeña y humilde habitación en el centro para refugiados tibetanos en Dharamsala, en el norte de la India, donde ha vivido los últimos 23 años. Nacida en 1932, forma parte de la última generación que creció antes de la ocupación china.
¿Cómo era el Tíbet de su niñez y de su primera juventud?
Cuando yo era niña, el Tíbet era una nación libre. Soy de una región llamada Kham en el noreste. La nuestra era una familia humilde y feliz de nómadas. En verano, solíamos llevar el ganado a las tierras altas y jugábamos en los prados cubiertos de flores. En el Tíbet libre podíamos practicar nuestra religión y celebrar nuestras fiestas. El lugar de encuentro para todos era el monasterio. Había muchos monasterios budistas. Durante el Losar (la fiesta del año nuevo tibetano), todo el mundo iba a los templos donde cantábamos, bailábamos y hacíamos obras de teatro. Todos lucíamos vestidos tradicionales y joyas. Si querías peregrinar a Lhasa, no había restricciones. La mía era una familia budista muy religiosa. Y me siento afortunada por ello
.
Usted fue testigo de la invasión china, en 1949, de los acontecimientos que desembocaron en la revuelta armada de los rebeldes tibetanos contra el ejército chino, y de la posterior huída del Dalai Lama a la India en 1959. ¿Puede contarnos lo que vio y lo que vivió en el Tíbet durante esos años?
Yo participé en las primeras protestas cuando llegaron los chinos. Miles de tibetanos salieron a las calles para impedir que el ejército chino llegase a Lhasa. Durante la invasión, vi cómo los tibetanos morían como animales en Amdo (cerca de la frontera de Kham). Los chinos nos bombardeaban desde sus aviones. Había cuerpos sin vida y sangre por todo Amdo. Habían salido a la calle para protestar contra la invasión e impedir que las tropas chinas llegasen a Lhasa donde se encontraba Su Santidad. Querían protegerlo.
Uno de los muertos fue su esposo
.
Los chinos veían en mi esposo a un agitador y decidieron acabar con su vida. Era 1958 y yo tenía 26 años y ya teníamos un hijo varón y estaba embarazada de cuatro meses de mi hija. Él era muy valiente y los chinos no pudieron matarlo con un arma, así que lo envenenaron. Un día murió de repente, tenía los dientes y las uñas negros. Apenas había muerto mi esposo fueron a por su hermana, que fue humillada y ejecutada con dos disparos en la cabeza en una plaza pública, como escarmiento. Pocos meses después fui arrestada junto a otras 300 mujeres que participábamos en las protestas contra los chinos.
Usted pasó 27 años como prisionera política ¿Cómo consiguió sobrevivir?
Ciertamente, fui arrestada a finales de los cincuenta, que fueron los peores tiempos. Los chinos azotaban a los monjes de alto rango y suprimieron las actividades religiosas. De las 300 mujeres arrestadas, solo cuatro sobrevivieron. Todas las demás murieron en prisión. Yo estuve en ocho cárceles distintas en el Tibet y en China. Los tiempos más difíciles fueron los tres primeros años en la prisión de Inganse. No nos daban comida, sólo restos de maíz en agua. Mucha gente murió de hambre. Nos comíamos las suelas de nuestros zapatos. Las cuatro que sobrevivimos fue gracias a que estábamos encargadas de dar la comida a los cerdos. Nos comíamos los restos de vegetales y de granos que eran para estos animales. Rezo para que nadie nunca pase por lo que yo y mis compañeras de presidio pasamos. Los 27 años de prisión fueron peores que el infierno. Cuando salí, estaba medio loca, sufría depresión aguda. De repente lloraba e inmediatamente después reía. El más mínimo sonido me asustaba. Mi cuerpo era como el de un esqueleto. Las bolsas de mis ojos estaban hundidas. Fui a un doctor de medicina tradicional tibetana para que me tratase la depresión. Yo siempre reía, pero era por la misma depresión. Era incapaz de sentir mi propio dolor. El doctor lloró cuando vio en qué estado me encontraba.
¿Y sus hijos?
Mi hijo falleció mientras yo estaba en la cárcel. No sé cómo, pero supe que murió ahogado. Cuando salí, me encontré con mi hija. No podía reconocerla. Nos tuvieron que presentar. Ella me llamaba mamá, pero yo me sentía más cerca de mis compañeras de cautiverio que de ella.
¿Cómo era el Tíbet que se encontró al salir de la cárcel?
Cuando salí de la prisión, en 1985, todo había cambiado. Apenas había monasterios. El color dorado de las cúpulas de los monasterios era ahora negro. Recuerdo, en especial, un gran monasterio –el de Kharnang– que fue destruido. El monje superior –Kharnang Rimpoche– había estado en la misma prisión. No sabemos cómo murió, pero sospechamos que de hambre. Los árboles donde vivían han sido talados. Sus troncos eran tan grandes que necesitabas los brazos de dos personas para rodearlos. Estos árboles los envían en camiones o río abajo para ser vendidos en China. Había más chinos viviendo en el Tibet y muchos tibetanos se fueron a áreas más remotas.
Y llega el exilio.
Dos años después, en 1987, huí a Nepal y en 1988, llegué a Dharamsala, en la India. En estos 23 años de exilio he estado viviendo aquí en la misma habitación. Aquí soy feliz. El budismo es lo más importante para mi y me siento feliz de estar en la tierra donde nació. Me siento libre. Puedo hacer lo que quiera y nadie me lo impide. Desde que comencé mi exilio, he viajado a muchos países. En 1989, estuve en Alemania para participar en una audiencia sobre el Tíbet y derechos humanos en el parlamento en Bonn. Sin embargo, los funcionarios chinos se defendieron diciendo que yo había sufrido bajo el régimen de Mao y no bajo el de Deng Xiaoping y que no se les podía responsabilizar.
Tras pasar tantos años de su vida en las cárceles del régimen chino, ¿qué sentimiento tiene hacia los chinos? ¿Ha encontrado simpatías y comprensión entre ellos?
Los chinos de todo el mundo han sido muy receptivos. Cuando los estudiantes chinos fueron asesinados en la plaza de Tiananmen, di una charla en la Universidad de Harvard. Tras hablar, un estudiante chino me preguntó cómo veía a los estudiantes chinos. Le dije que no tengo nada en contra de los estudiantes ni del pueblo chino. Cuando estuve en la cárcel, todos los internos, tibetanos y chinos, solíamos decir que nuestro oponente era el mismo: el régimen. Estábamos contra los Guardias Rojos. Los estudiantes vinieron y me dieron un abrazo.
Usted es una persona muy cercana al Dalai Lama ¿Qué le dijo Su Santidad cuando le conoció?
Cuando conocí a Su Santidad, él me dijo que no tenía que mentir ni enfadarme con los chinos. Solo –me dijo– tienes que decir la verdad y la verdad por sí misma será nuestro apoyo.
Un deseo para el futuro
Antes de morir, quiero ver a Su Santidad sentado en el Palacio del Potala, en Lhasa, en un Tíbet libre.

martes, 6 de abril de 2010

international Campaign fot Tibet

International Campaign for Tibet
Support Tibet | Get Updates

(Pressed for time, but still want to help? Jump to the end of this email now.)

Dear Söpa nyima,

This year, ICT is doubling our efforts to assist as many Tibetan political prisoners as possible . . . and we need your help to do it.

Did you know the Chinese government is deliberately targeting those who simply talk about what is happening inside Tibet?

As part of a wide-ranging crackdown, the Beijing authorities have adopted an increasingly harsh and systematic approach to silencing Tibetans and suppressing all dissent. Virtually any expression of Tibetan identity can be branded as "splittist" or "reactionary" and penalized with a long prison sentence, or worse.

I'm sure you'll agree that the imprisonment of these men and women is an offense to any fair-minded person.

At the U.S. State Department, it is Under Secretary Maria Otero's responsibility to oversee and activate U.S. strategies to seek and secure the release of Tibet's political prisoners. We need your help to show her just how many of us care deeply about Tibetans persecuted for rights that are fundamental to all members of the human family. Sign our petition to Under Secretary Otero now.

She needs to know you care about people like:

Kunchok TsephelKunchok Tsephel, writer and founder of a Tibetan literary website, sentenced to 15 years in prison. His family doesn't even know why he was sentenced, because his case involved "state secrets" charges. But the real reason for his imprisonment seems to be because of content on his website, which aims to protect Tibetan culture and sharing information about protests in Tibet.
Norzin WangmoNorzin Wangmo was sentenced to five years in prison. Although full details of the charges against her are unknown, reliable sources have told us she was imprisoned because she talked to people on the phone and internet about the situation in Tibet. We know that Chinese authorities monitor calls and internet use in Tibet as part of a systematic pattern of surveillance and control of Tibetans' everyday lives.
Migmar DhondupMigmar Dhondup worked with a Tibetan non-profit organization helping impoverished communities. He "disappeared" in March 2008 and no one knew where he was, until months later the official press announced that he had been sentenced to 14 years in prison for "espionage." We believe his "crime" included his passionate concern for nature conservation in Tibet and his efforts to encourage other Tibetans to protect and remember their mother tongue and cultural identity.
Dhondup WangchenDhondup Wangchen is the filmmaker who made the documentary "Leaving Fear Behind" that was smuggled out of Tibet in early 2008. In the film, Tibetans express their views on the Dalai Lama, the Olympic Games in Beijing, and Chinese laws. Chinese authorities replaced Wangchen's lawyer during his trial and the filmmaker was recently sentenced to six years in prison.
Dolma KyabDolma Kyab is a history teacher and writer, sentenced to ten and a half years for "espionage". The reality is that he wrote an unpublished book about Tibetan geography, history, and religion.

In a letter smuggled out of Tibet, Dolma Kyab wrote: "Chinese officials think that what I wrote about nature and geography was also connected to Tibetan independence. This is the main reason of my conviction. But according to Chinese law, the book alone would not justify such a sentence. So they announced that I am guilty of the crime of espionage."

Imagine if you were not able to talk to your friends or family about things that mattered to you.

Should we ever forget how precious our freedom of speech is, we have only to look at Chinese prisons in Tibet, filled with those who suffer unspeakably for expressing an opinion or sharing news in a private email or phone conversation.

ICT is working with great determination to shed light on these cases, to help improve conditions and to secure the release when possible of Tibetan political prisoners. Our offices in Amsterdam, Berlin and Brussels work with international governments to apply coordinated pressure on China. In Washington, we do the same . . . and we need to press Under Secretary Otero to stand up for Tibetan political prisoners.

Please help our efforts by taking these two important actions right away:

1. Sign ICT's petition to Under Secretary Maria Otero. We need to let her know just how many people believe that making progress for Tibet's political prisoners needs to be a priority for her office.

2. If you can, please make a small donation to ICT to support our stepped up advocacy and field work on behalf of Tibet's prisoners of conscience. Our field network in India and Nepal is both a critical source of information about the situation in Tibet and an important link to Tibetans in Chinese prisons. And our advocacy work elicits results!

Together, it's possible for us to make a real difference in the lives of these courageous Tibetans. I thank you for your loyal and determined support.

Sign the Petition button Support ICT button


Sincerely,


Mary Beth Markey
Vice President of International Advocacy

P.S. You can make a profound difference to a political prisoner in Tibet by signing our petition to Under Secretary Otero. And your support helps us focus on individual prisoners and draw attention to China's outrageous treatment of Tibetans. Thank you.


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