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viernes, 23 de julio de 2010

brutalidad de la represión china en el Tíbet desde 2008

Informe de ONG revela brutalidad de la represión china en el Tíbet desde 2008


Jueves 22 de Julio de 2010
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Más de 200 testimonios directos recogidos en el informe de una ONG arrojan nueva luz sobre la represión china en la región del Tíbet, incomunicada por el régimen comunista desde las protestas del 2008.

"Disparaban directamente a la gente, a cualquier tibetano que veían, muchos murieron", señaló a la ONG Human Rights Watch (HRW) una refugiada tibetana, Pema Lahkyi, de 24 años, al describir cómo el ejército chino reprimió a tiros las protestas de marzo del 2008 en Lhasa, la capital tibetana.

Este testigo, cuyo nombre es un pseudónimo, es uno de los 203 entrevistados por HRW, en su mayoría refugiados tibetanos y viajeros, y cuyas declaraciones fueron plasmadas en el informe "Lo vi con mis propios ojos: Abusos de las fuerzas de seguridad en el Tíbet 2008-2010", que contradice la versión oficial de Pekín.

El régimen chino sostiene que el 14 y 15 de marzo murió una veintena de civiles y cientos resultaron heridos, en su mayoría chinos, por tibetanos violentos y que el ejército contuvo según estándares internacionales las protestas, en las que miles de monjes y civiles pedían libertad religiosa y el fin de la represión.

A pesar de esta aseveración, Pekín ha impedido que el alto Comisionado de Derechos Humanos y relatores de la ONU lo comprobaran con sus propios ojos, al igual que periodistas que lo han solicitado, y sólo ha permitido escasas visitas de grupo bajo su estricto control.

En el informe de HRW, testigos describen cómo los militares chinos mataron a tibetanos en al menos cuatro altercados.

Los soldados "empezaron a disparar de forma indiscriminada. Vimos cómo los disparos alcanzaban a dos personas. Una murió en la puerta del hospital Mentsikhang, cuando una bala le alcanzó en el costado derecho, a la altura de los riñones", señala Pema, quien añade que los hospitales tenían orden del gobierno de no atender a nadie.

Otros describen cómo, tras el tiroteo, el ejército retiró los cadáveres en camiones, lo que la ONG considera que es la base de los persistentes rumores en Lhasa que aseguran que los soldados eliminaron de inmediato los cuerpos de los tibetanos para dejar sólo los de los chinos y justificar así el uso de la fuerza.

Según informes oficiales, las fuerzas de seguridad detuvieron a miles de sospechosos de participar en las protestas, incluidos monjes y monjas budistas, de los que varios centenares han desaparecido.

Según dijo a Efe Nicholas Bequelin, investigador para Asia de HRW, con sedes en Hong Kong y Nueva York, el informe busca responder a la pregunta de "¿qué es lo que Pekín quiere ocultar manteniendo el altiplano tibetano cerrado durante tanto tiempo?"

Por este motivo, la organización no ha recurrido a la información proveniente de grupos tibetanos en el exilio, que hasta ahora han mantenido que las protestas de su etnia fueron "pacíficas", cuando testigos indican lo contrario.

Además, se ha centrado en la actuación de las fuerzas de seguridad, que según el documento de 72 páginas, "hicieron un uso desproporcionado de la fuerza y actuaron con deliberada brutalidad durante y después de las inusuales protestas que se iniciaron el 10 de marzo de 2008".

Las violaciones de derechos humanos documentadas por estos testigos incluyen desapariciones, sentencias erróneas, persecución de familiares, arrestos masivos y arbitrarios y tortura de detenidos.

"Había hasta 30 detenidos en celdas de tres o cuatro metros cuadrados", aseguró uno de ellos, el monje Rinchen Namgyal, de 33 años y de la lamaserÌa de Ganden. "No había espacio para sentarse, estaban de pie día y noche. Las celdas no tenían baños, hacían sus necesidades allí mismo. A muchos los golpeaban".

Con estas y otras torturas los funcionarios buscaban extraer la confesión de que las protestas habían sido organizadas por "la camarilla del Dalai Lama", el líder espiritual tibetano exiliado en la India en 1959 tras una rebelión fallida contra el régimen de Mao Zedong, cuyas tropas entraron en la región en 1949.

La represión posterior a las revueltas étnicas afectó también a las provincias chinas colindantes con la región autónoma, en la que habita la mitad de los casi 7 millones de tibetanos: Qinghai, Sichuan, Gansu y Yunnan.

Sophie Richardson, directora para Asia de HRW, recuerda "la necesidad de una investigación internacional en el Tíbet", donde "los abusos de las fuerzas de seguridad no van a remitir, sino que están empeorando las prolongadas quejas que desataron la protesta".

viernes, 4 de junio de 2010

China: Dejar de negar la masacre de junio de1989 y liberar a los disidentes

Dos décadas más tarde, se siguen suprimiendo las demandas de derechos humanos
Junio 1, 2010

El Gobierno chino no sólo ha fracasado totalmente en rendir cuentas por los asesinatos de junio de 1989, sino los defensores de la sociedad civil y los críticos pacíficos siguen enfrentándose a la represión sistemática por defender los derechos garantizados por la propia Constitución china.

Sophie Richardson, directora para defensa y promoción en Asia

(Nueva York) - El Gobierno chino debe admitir la masacre de civiles desarmados en junio de 1989, liberar a los aproximadamente 20 prisioneros de Tiananmen que fueron inapropiadamente arrestados y condenados en ese momento, y liberar a otros críticos del Gobierno encarcelados por ejercer su derecho a la libertad de expresión, Human Rights Watch señaló hoy.

Más de dos décadas después de que las tropas del ejército chino iniciaron una masacre contra aproximadamente 2,000 personas desarmadas en los entornos de la Plaza Tiananmen de Beijing y otras ciudades chinas durante y después del 3 y 4 junio de 1989, algunos ciudadanos chinos siguen siendo perseguidos por defender el respeto a los derechos humanos y libertades universales.

"El Gobierno chino no sólo ha fracasado totalmente en rendir cuentas por los asesinatos de junio de 1989", dijo Sophie Richardson, directora de Human Rights Watch para defensa y promoción en Asia, "sino los defensores de la sociedad civil y los críticos pacíficos siguen enfrentándose a la represión sistemática por defender los derechos garantizados por la propia Constitución china".

Entre el 3 y4 junio 1989, el Gobierno chino puso a sus tropas y tanques en contra sus propios ciudadanos para reprimir un movimiento de estudiantes, trabajadores, académicos, escritores y periodistas que se manifestaban pacíficamente por un sistema político pluralista. El número de muertos incluye a cientos de ciudadanos chinos que se congregaron en las calles de Beijing para impedir que el ejército llegara a la Plaza Tiananmen. Aunque en las dos últimas décadas el Gobierno chino ha puesto en libertad a la mayoría de las miles de personas encarceladas por su participación en las protestas junio de 1989 , se ha negado sistemáticamente a proporcionar una lista de los asesinados, "desaparecidos", o encarcelados o en junio de 1989.

El Gobierno no ha publicado cifras verificables sobre las víctimas, prohibió toda discusión pública sobre junio de 1989, y continúa victimizando a los sobrevivientes, a los familiares de las víctimas, y a otros que cuestionan la versión oficial de los hechos. El Gobierno chino también ha rechazado constantemente los llamamientos de Human Rights Watch y gobiernos extranjeros por una investigación transparente e imparcial de la masacre de 1989, la rendición de cuentas de quienes ordenaron a los soldados abrir fuego contra los manifestantes; la indemnización para las víctimas y sus familiares; la liberación de los todavía encarcelados; y contabilizar las víctimas de desapariciones forzadas.

La respuesta del Gobierno a los episodios de protestas masivas se caracteriza todavía por el secretismo y la ofuscación. A raíz de los disturbios en Tíbet en marzo de 2008 y en Xinjiang en julio de 2009, el Gobierno chino fue más allá de su legítimo derecho de procesar a los manifestantes que habían cometido actos violentos y detuvo arbitraria e injustamente y procesó de manera improcedente a tibetanos y uigures. En Xinjiang, Human Rights Watch también documentó las desapariciones forzadas en que las fuerzas de seguridad chinas detuvieron a las personas que negaban darles albergue y no daban a conocer su paradero. El Gobierno también perdona "las cárceles negras" - un sistema de instalaciones ilegales de detención secretas donde los abusos son cotidianos y que sólo en Beijing detiene a miles de ciudadanos al año.

Contrariamente a lo que el Gobierno prometió a la comunidad internacional, desde el periodo previo a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, los derechos humanos fundamentales como la libertad de expresión y de asociación siguen siendo fuertemente restringidos, y los activistas aún se enfrentan a las represalias. Durante este período, las autoridades judiciales han inhabilitado los abogados de derechos humanos; las las agencias de Gobierno, incluyendo las autoridades fiscales municipales, han despojado a las organizaciones no gubernamentales de su capacidad para operar; y los funcionarios del Gobierno chino y las fuerzas de seguridad siguen restringiendo gravemente la libertad de expresión y de asociación de los ciudadanos que intentan trabajar colectivamente para hacer valer sus derechos y libertades legales.

Los ciudadanos chinos que protestan tales violaciones, como los que exigen la verdad acerca de junio de 1989, son rutinariamente perseguidos por su Gobierno. El 25 de diciembre de 2009, un tribunal de Beijing sentenció a Liu Xiaobo a una pena de prisión de 11 años por cargos espurios de "subversión" por su papel en la elaboración y difusión de la Carta ‘08, una petición en línea por el respeto a los derechos humanos y al Estado de derecho en China . El texto de la Carta ‘08 incluía una referencia directa a los eventos del 4 de junio, como un ejemplo de la "larga historia de desastres de derechos humanos" causada por el monopolio del Partido Comunista de China en el poder. El 10 de febrero de 2010, un tribunal de Beijing rechazó la apelación de Liu de esa sentencia. Liu fue trasladado de Beijing a una prisión de Liaoning en el noreste de China la semana pasada. Uno de los más conocidos intelectuales críticos de China, Liu pasó dos años en prisión por su papel en el apoyo a los estudiantes de Tiananmen. Liu también impidió más derramamientos de sangre al negociar exitosamente con el ejército la evacuación de los últimos estudiantes que quedaban en la Plaza Tiananmen en la madrugada del 4 de junio 1989.

Gao Zhisheng es un abogado que tomó algunas de las causas más controvertidas de China al defender a mineros de carbón y a cristianos clandestinos. Gao fue víctima de una desaparición forzada por las fuerzas de seguridad en febrero de 2009. Después de más de un año de negaciones oficiales sobre la ubicación y el bienestar de Gao, Gao reapareció en su apartamento de Beijing a principios de abril de 2010, pero desapareció de nuevo días después, al parecer de nuevo bajo custodia oficial. El paradero de Gao, su estado de salud, y su entorno siguen siendo desconocidos.

Zhao Lianhai fue juzgado el 30 de marzo de 2010, y enfrenta una posible condena de hasta cinco años bajo cargos espurios de "provocar desorden" para ayudar a establecer un grupo de defensa popular, el Hogar para bebés con piedras en el riñón. Esa organización reunió a los padres de los miles de niños víctimas de escándalo en China de leche contaminada con melamina en 2008 para exigir una indemnización y la designación de un día oficial en memoria de los 6 muertos y las aproximadamente 300,000 personas enfermas.

El Gobierno chino también está sometiendo a los defensores de los derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil a una creciente intimidación. A finales de 2009, las autoridades judiciales de Beijing se negaron a renovar las licencias profesionales de alrededor de una docena de los más importantes abogados de derechos civiles de China sin brindar justificación alguna. Esta negativa los ha dejado incapaces de ejercer la abogacía. Dos abogados chinos, Tang Jitian y Liu Wei, enfrentan actualmente una prohibición permanente de su derecho a ejercer la abogacía después de un juicio el 21 de abril 2010 donde fueron acusados de "perturbar el orden de la corte". Los cargos se derivan de un juicio en abril 2009 en el que fungieron como abogados defensores de un seguidor del prohibido movimiento espiritual Falun Gong.

Todas las referencias al 4 de junio de 1989 y su violenta represión siguen siendo censuradas en el país. Además, los censores chinos siguen controlando estrechamente las actividades de los periodistas de China, los blogueros, y unos 404 millones usuarios de Internet. Al menos 24 periodistas chinos están en prisión por cargos ambiguos como "incitación a la subversión" y "revelar secretos de Estado". El Gobierno chino prohíbe el acceso de usuarios de Internet en China a sitios como YouTube, Twitter y Facebook. El 22 de marzo de 2010, Google puso fin a sus años de complicidad con el régimen de China para censurar el Internet cuando apagó el motor de búsqueda Google.cn. Google tomó esa decisión ante la intransigencia del Gobierno chino a las solicitudes de Google de poner fin a la autocensura obligatoria de su motor de búsqueda de China. El 29 de mayo de 2010, el Gobierno chino reforzó su control sobre la libertad de expresión en Internet al presionar a las compañías de Internet que se comprometieran a mostrar un "espíritu revolucionario" y "cultura roja" en sus sitios web.

En el 21 aniversario de la masacre de Tiananmen de junio de 1989, Human Rights Watch insta de nuevo al Gobierno chino a:

  • Reconocer públicamente que la masacre de junio 1989 es una fuente de profundas divisiones de dolor y frustración, incluso dentro de las filas del gobernante Partido Comunista de China, mediante el ofrecimiento de reparación a las víctimas;
  • Cesar el hostigamiento, la detención y el encarcelamiento de los sobrevivientes, familiares y académicos que demandan la rendición de cuentas del Estado por las violaciones en Tiananmen;
  • Liberar a los aproximadamente 20 prisioneros de la era de Tiananmen que fueron inapropiadamente arrestados y condenados inmediatamente después de junio de 1989, y
  • Emitir una lista completa de los que murieron o resultaron heridos, y de los que fueron encarcelados, ya que dichas listas no están disponibles al público.

Además, Human Rights Watch insta al Gobierno chino a cesar las persecuciones más recientes de los críticos contemporáneos y los defensores de los derechos humanos.

"Que los ciudadanos chinos sigan corriendo el riesgo de encarcelamiento o algo peor por buscar los mismos derechos por los que abogaron los manifestantes pacíficos de junio de 1989 pone de relieve la necesidad de que el Gobierno tolere las críticas", dijo Richardson. "La criminalización y persecución de la disidencia está fuera de sintonía con la ambición de China de ser un miembro respetado de la comunidad internacional".