jueves, 4 de febrero de 2010

EN LOS LÍMITES DE LA PALABRA



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Cuántos pelos necesita una cabeza por dejar de ser calva? Esta antigua ocurrencia puede aplicarse a numerosas palabras que se prestan a significados distintos en función del valor interpretativo que le adjudique el observador. Abundante o escaso, agradable o desagradable, inteligente o estúpido, generoso o egoísta, de cualidad o vulgar, fuerte o débil... Cualquier dualidad engendra diferentes puntos de vista, como minimo en las zonas medias.

La palabra no sustituye el objeto: "esto no es una pipa" la etiqueta es únicamente un primero grado de abstracción, y todavía hace falta añadir que no todas las pipas son idénticas, creando aquí una generalización. De aquí pasamos a una nueva abstracción: objetos de madera, o si subimos un nuevo peldaño: objetos materiales. Ensartándonos por una escala dónde cada peldaño nos alejará más de la materialidad introduciéndonos en áticos de claridad escasa, moviéndonos a tientas entre objetos desconocidos. Un bosque pasará a ser una mancha verde encima de un mapa o en la pantalla de un ordenador. La abstracción traiciona la vida, ni sentimos el olor de la hierba o de los árboles, ni notamos la presencia del viento dentro una habitación acondicionada.

La palabra que representa, que denomina el objeto, está llena de trampas: manipulación, sofismo, engaño. ¿Es preferible definir con precisión cualquiera cosa o todo lo que diremos serán aproximaciones dando vueltas al objeto sin más posibilidades que la de bordearlo? ¿Qué gama de colores percibe el ojo humano y cuántos de estos tienen nombre? Mientras los diccionarios tengan un número limitado de palabras (cosa que difícilmente parece poder cambiar) la correspondencia con el mundo exterior resultará claramente desfavorable a la palabra, esta estará siempre en inferioridad de condiciones (Borges. Ficciones). Es conveniente saber las limitaciones del lenguaje para no empobrecer nuestra mirada sobre el mundo (Platón. Cratilo. "Los nombres no son las cosas" 439a-440b). La naturaleza, el hombre, los objetas fabricados por los humanos, las relaciones con los otros o con el entorno...superan nuestras posibilidades expresivas reducidas a un simple mecanismo de etiquetaje y poco más. Escribía W. Wolf en "Orlando": "La conversación más corriente es a menudo la más poética, y la más poética es justamente la que no puede ser escrita. Por estas razones dejamos aquí un gran espacio vacío, que puede ser considerado como una indicación que este espacio está lleno a rebosar".

Cualquiera argumento es posible de ser expresado, tomar forma por la palabra, lo saben bien los sofistas, pero es necesario un origen, una idea concreta de la cual partir. Decía Montaigne que era más difícil encontrar el sentido de la argumentación que desarrollarlo. Es de antiguo conocido el engaño, el equívoco de los vocablos respeto del contenido a expresar. La paradoja del mentiroso es un de estos juegos especulativos.

-Es mentira que ahora llueve. Verdad o mentira?
Sí contestas: verdad.
...Ahora llueve?
Sí contestas: mentira.
...Ahora llueve o no llueve?

Si el silencio es paz, la palabra es casi un grito de guerra, voz de necesidad, del que se cree en la necesidad y como tal tiene características de urgencia: imprevisión, dificultad en la definición, carencia de reflexión. Nadie sabe muy bien qué le pasa al necesitado. El habla sin un objetivo parece difícil de concebir sino se interpreta como anuncio recalcando la presencia de la proximidad del otro. El vocablo devaluado por saturación es una forma de dejar rastro, intercambiadle por cualquier otra clase de signo. Las palabras necesarias, operativas, como caballos cumpliendo las órdenes del jinete, resultarían inexplicables sin la presencia de un contenido, sin carga de significado (Platón. Fedro. 276e-277a).

A la hora de valorar las relaciones mente-lenguaje hará falta considerar la posibilidad de doble dirección en la relación. La mente en actividad produce imágenes, pensamientos que encuentren la posibilidad de expresarse mediante un lenguaje. Del mismo modo un lenguaje puede llegar a nuestra mente y darnos un significado. En esta doble dirección resulta también factible la desconexión.

Equilibrar el binomio mente-lenguaje significa no sacralizar todo lenguaje, arte, cultura, hasta el punto de hacerlo independiente de la mente productora. El lenguaje, como el pensamiento son frutos de un árbol que sería el hombre. El pensamiento, siguiendo Wittgenstein, es producto de los conocimientos de la experiencia o de unas creencias culturales, en sentido amplio (de ciencia a literatura), mientras que la lengua, la palabra sería solamente un elemento instrumental.

En la relación palabra-pensamiento cabe señalar el caso de la mentira: como podemos pensar algo de una persona o objeto y decir otra de la misma persona u objeto, mostrando así la perversión del vocablo, en la convención social. O el uso del vocablo como "máscara" en la palabra del actor en escena interpretando un papel.

Pero retomando ahora el principio del escrito, dónde se decía que la abstracción traiciona la vida: si la abstracción nos aleja del objeto tal y como se nos muestra en apariencia, si lo borra de nuestros ojos, hará falta añadir que también lo trasciende. Así, sólo yendo más allá de lo particular es posible entrever la pertenencia a un marco de dimensiones superiores. Y en eso tampoco la palabra tiene más mérito que el de ser una espectadora invitada.



EL SILENCIO DE LO OCULTO



"El silencio es el último refugio de la libertad" (Michel Campiche)


La palabra nace de la necesidad, del deseo, rompemos el silencio en demanda de algo de lo que nos creemos faltados, la voz que se alza es también el grito del desesperado buscando como hacerse presente, visible. A menudo olvidamos que nadie está obligado a atendernos, a darnos respuesta, ni siquiera resulta recomendable ni reconfortante en todos los casos.

El silencio esconde una respuesta, obligándonos a rehacer las preguntas, hasta agotar las capacidades de nuestro saber. Nadie descubre sin escuchar, sin sentir, sin recogerse en el hueco creado por el silencio. Es la propuesta abstencionista ante la duda, en la siempre cambiante naturaleza, por las nuevas variables que a cada instante alteran el valor de las coordenadas, por los errores propios siempre al acecho, los filtros del deseo, de los prejuicios, o las ligaduras de una mente poco dúctil. La suspensión del juicio, constantemente aplazado por la carencia de pruebas concluyentes, perpetúa los enigmas.

Parece contradictorio hablar de silencio utilizando palabras, es lo mismo que pasa con el mapa en sustitución del paisaje, o las rayas encima del papel trazando una carretera. El paisaje es refugio, la palabra el indicador; el silencio es paz. Pero cuando este silencio es interior, la paz es armonía con el cosmos, nada personal limita la continuidad, la expansión es unión. Si la palabra es cultura el silencio es naturaleza, con toda la pesando y mítica carga del pretérito.

Silencio o palabra? La palabra es yang, matéria, forma, el silencio ying, espíritu, invisibilidad. Pero no hay veneno sino dosis y el silencio es medicina cuando el vocablo amenaza con el bombardeo de la publicidad en el discurso del consumo. Callar no es necesariamente consentir, tal vez es disentimiento, desconexión del orden establecido "una conspiración de silencio habla más fuerte que las palabras" (Winston O'Boogie).

El silencio, como casi todo tiene un valor relativo, de posición, a tener en cuenta: cuando el poder impide la doble expresión: hablar o callar, es decir cuando el silencio no es una opción libremente escogida, sino impuesta. Contrariamente, el silencio nacido de la libertad es el que da la palabra a los otros, el que permite apreciar con todos los sentidos el mundo interno o externo, disfrutarlo, dejándonos penetrar por la voz del reino que nos rodea en toda la riqueza de matices de que seamos capaces de considerar.

Jordi Vilanova
20.10.2002



Levy Dhurmer



DEL SILENCIO:


Quién sabe no habla, quién habla no sabe. Tao Té King

La mente del sabio fondea en la quietud. Zhuang Zi

Todos tenemos pensamientos necios: solamente el sabio se los calla. Buseh

Quién calla puede pasar por sabio. Eclesiastés

De los hombres aprendemos a hablar, a callar sólo de los dioses. Plutarco

Uno no tiene que dejar de callar finos que tenga algo a decir más valiosa que el silencio. J.A. Toussaint Dinouart

Bendito el hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrárnoslo con sus palabras. George Eliot

El hombre es amo del qué calla y esclavo del qué dice. Anónimo Japonés

El buen caminante no deja huella. Tao

Es muy difícil vivir entre los hombres, porque es muy difícil guardar silencio. Nietzsche

Quién no calla no puede entender a aquel que habla. Guinges II

Hablar es tener masas consideraciones con los otros. Pessoa

De aquello que no se puede hablar, hace falta guardar silencio. Wittgenstein

Si la palabra, ahora, no mata literalmente, sí lesiona, empobrece y limita nuestro mundo y nos hunde en grietas de otros abismos. Esther Cohen

Lo que quieras que los otros no digan, tú lo tienes que callar primero. Luis Vives

¿Porqué escribe un hombre ? Porque no posee carácter suficiente como por no escribir. Karl Kraus

Los otros hacen el qué vuelan de tus palabras, mientras que los tuyo silencios los enloquecen. San Antonio

La auténtica tentación del pensador es enmudecer. El pensamiento llega con el silencio a su dignidad máxima: ya no se propone nada. No explica nada, no se extiende. El pensamiento que calla renuncia al contacto. Elias Canetti

El que aprende tiene que callar. Quevedo

Más amenaza quién guarda silencio que quién grita desordenadamente. Tao

Deja de hablar y de pensar, y no habrá nada que no puedas saber. Sosan






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